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Disculpe el lector que tenga que empezar por hacer unas reflexiones personales (muy pocas veces lo hago), pero creo son necesarias para lo que sigue.


Quizá sea este el último, o penúltimo, artículo que escribo en esta web. Y digo quizá porque en la vida nada hay seguro y penúltimo porque debo escribir sobre la muerte, pero aún no tengo la preparación para ello. Esta web se hizo para poder descubrir que secretos tiene la vida en su profundidad y cómo podemos utilizar el conocer el mundo interior, el mundo del espíritu que está más allá de la materia, para vivir mejor. No se trata de un tema cultural, nunca se ha pretendido conocer por conocer, sino conocer para aplicar y estar mejor. Los artículos son una forma de compartir mis “hallazgos” y me permitían confirmar si yo mismo los había interiorizado. Cuando era capaz de explicar algo con claridad, es que lo había logrado, en caso contrario era puro conocimiento intelectual, sin valor para mi fin perseguido.


Pero creo sinceramente que ya he llegado al final de mi búsqueda, es por ello que lo comparto con el lector, elemento necesario por lo ya dicho, para verificar la realidad de lo encontrado. Y también porque estoy convencido que es el componente más práctico de lo que se ha escrito en esta web, que precisamente busca eso: aplicar principios espirituales que sean prácticos.


Todos nos hemos planteado preguntas del tipo ¿qué hago? ¿qué debo hacer para que mi vida funcione? ¿qué instrucciones debo seguir?, ¿Por qué …?, y así una larga lista. Estos planteamientos y similares han tratado de ser siempre respondidos por teólogos, religiones y creencias pero el problema es que lo han hecho desde un plano humano – mental y precisamente el espíritu, que es la causa de todo lo que somos, no funciona de esa manera. El Espíritu es más que la mente que dirige al hombre moderno, de manera que no podemos, desde esta, responder a lo que lo abarca, de la misma manera que la oruga de seda no puede entender el árbol en que habita, solo conoce la hoja de morera que come. elemento


Así la búsqueda espiritual, y guiar nuestra vida en base al conocimiento esotérico, la ley, los mandamientos, el juicio final, los premios o los castigos, la reencarnación etc., a efectos prácticos se convierte en algo parecido a buscar un gato negro, en una habitación sin luz en donde no hay ningún gato. Pero hay una “llave” que siempre ha estado ahí y que es muy simple, tan simple que me fastidia personalmente no haberme dado cuenta antes.


Para ello hay que tener presente que existe una unidad de todo cuanto existe, que esa unidad es una manifestación de una Fuerza superior de la que somos parte, (esto es importantísimo) y que para darle un nombre a efecto de facilitar la comprensión de lo que sigue, le vamos a llamar Dios.


Si todos somos uno, existe una unión entre usted y la Divinidad. Esta idea no es nuestra, es "prestada" de Nicolás de Cusa, que afirmó ya en el siglo XV que Dios no puede tener contrarios, y en consecuencia nada hay no forme parte de él


Entonces es evidente que usted tiene un linaje divino.


Pues este es el concepto capital, reconocer su linaje divino. Jesucristo no se cansó de decirlo y usted seguro que ha oído la expresión de que todos los hombres (y todos los seres) somos “hijos de Dios”


Esto a nivel mental es fácil de entender, pero no vivimos como si realmente fuéramos hijos de Dios. Y esa llave que aplana nuestro camino y que todo lo soluciona precisa esa convicción desde nuestro interior. A esa aceptación total de que somos hijos de Dios, para darle un nombre le vamos a llamar FE.


Pero esta fe no se refiere a una creencia, no queremos decir que se debe creen en los santos, en Maria Virgen, en Buda, en Jesucristo, en el karma…, pues toda creencia es mental. No, no nos referimos a tener FE como si fuera una creencia sino como una certeza absoluta.


Veamos con un ejemplo la diferencia entre una creencia y una certeza absoluta.


Toda creencia es un producto mental y como tal está sujeta a la dualidad. La certeza NO es un producto mental y en consecuencia no es dual.


Pongamos un ejemplo. Usted puede pensar que su amiga “Maria” quiere a su hijo “José”. Y lo cree por la manera en que lo cuida, por cómo le viste, por cómo le apoya, por cuanto le dice que le quiere etc. Y también pueden pensar lo mismo el 99% de sus amistades. Pero quizá hay alguien dentro de ese 1 % que piensa que no, que en realidad Maria no quiere a su hijo, que lo que pretende es que alguien la mantenga cuando sea mayor, que cuide de su salud cuando sea vieja etc. y que es por eso que Maria actúa así con su hijo: por interés y no por amor.


Todo eso son creencias sustentadas por la mente. Se puede pensar una cosa u otra.


Ahora bien, Maria NO cree que ama a su hijo, tiene la certeza absoluta que ama a su hijo, que es otra cosa diferente a creer algo. Y no lo podrá demostrar mentalmente por más que ese uno por ciento que cree lo contrario pida “pruebas” físicas y racionales. Maria tiene certeza absoluta que ama a su hijo, más allá de la razón.


Pues esa fe-certeza es lo que debemos tener en que somos hijos de Dios. Esa es la fe que mueve montañas y que genera los milagros. Y esa es la fe que hará que en nuestra vida surjan los milagros.


Pero recuerde NO estamos hablando de creer sino de una absoluta convicción, de un “algo” que no tiene contrario, Ya que si tiene contrario es algo mental.


Y a lo largo de las enseñanzas espirituales hay multitud de situaciones que nos lo demuestran. Una de ellas la encontramos en la Biblia y es la lucha de David contra Goliat. Está recogido en el libro de Samuel I Cap 17. Paso la historia resumida de ese capítulo (leerlo como novela ya es de por sí interesante, es del estilo del "señor de los anillos" cuando habla Gandalf:-) ) y luego se hará un estudio de la simbología.


El contexto para entendernos, es que el pueblo hebreo está en guerra contra los filisteos. El rey de los hebreos es Saúl. A continuación uso el copiar / pegar desde el texto bíblico para que se note la autenticidad de la historia eliminando el contenido no esencial para hacerlo más ligero. Dice así:


Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos.


Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos. Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla?


Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.


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Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.


David era hijo de aquel hombre de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a Saúl a la guerra. David era el menor.


Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.


Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como su padre le había mandado y cuando llegó, preguntó por sus hermanos, si estaban bien. Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David.


Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.


David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar? Y apartándose de él hacia otros, preguntó de igual manera; y le dio el pueblo la misma respuesta de antes. Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir.


Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él (Goliat) ; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.


Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud.


David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.


Añadió David: Jehová, que me ha librado de los dientes del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.


Y dijo Saúl a David: Ve, y que Jehová esté contigo.


Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza. Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba.


Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas.


Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.


Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. elemento


Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.


Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.


Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.


Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la linea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra.


Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. elemento



Ahora hagamos una simbología del texto.

La historia nos presenta un problema grave: una guerra y que para evitarla hay que luchar contra un gigante.


En su vida seguro hay problemas también, seguro tiene “gigantes” a los que enfrentarse.


En la historia nadie se atreve a enfrentarse al gigante, a menudo en la vida para los grandes problemas uno se encuentra solo.


Hasta los hermanos de David están en su contra pero la discusión permite que David pueda ponerse en contacto con el rey Saul y ofrecer sus servicios de luchar contra el gigante.


En nuestra vida hay sucesos que van contra nosotros pero que al final nos resultan beneficiosos. De manera que cuando algo “negativo” le suceda espere pues llegará algo que está oculto y le va a beneficiar.


Y ahora llega lo mejor. Un simple pastor de ovejas, el más pequeño de la familia, se ofrece para luchar contra un gigante de “seis codos”. Desde la razón ¿Quién cree que puede ganar? ¿un experto guerrero bregado en mil batallas y de fuerza descomunal o un joven pastor de ovejas que no sabe ni caminar con una coraza y una espada, que le molesta llevar casco y que nunca ha estado en una guerra?


La respuesta desde un punto de vista mental está clara ¿no?


Pero el pequeño pastor tiene un arma secreta: tiene esa FE de la que hemos hablado. Y no es que crea que Dios está con él, es que tiene total certeza de ello y lo afirma con las palabras:


Añadió David: Jehová, que me ha librado de los dientes del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.


Eso es tener fe. Y eso es todo lo que hace falta.


Es importante ver que primero tiene fe y luego se da cuenta que puede usar la onda para derrotar al enemigo. Pero no dice “Mira Saúl tengo un plan. Le tiraré una pedrada con mi onda entre los ojos y me lo cargo”. No, el pequeño David tiene fe y luego aparece el medio para realizar físicamente el propósito.


Ese es el primer y fundamental paso.


Todos los milagros que nos narran los textos sagrados, todos de los que tengo constancia tanto por los Evangelios como por la Torah, no se producen en personas “buenas”, ni “listas” ni guapas”, “ni ricas” sino en personas que tienen fe.

“Tu fe te ha salvado” nos dice el Evangelio en diferentes milagros. Pero el más representativo nos parece la curación del siervo del Centurión (Mateo 8 5-13)


Entrando Jesús en Cafarnaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.


¿Era ese Centurión romano “buena persona”? Probablemente había matado a muchos, había cometido actos de pillaje y otras atrocidades, pero tenía fe. Y esa es la base de los milagros.


¿Quiere que su vida funcione? ¿quiere se produzcan milagros en su vida? Pues tenga esa fe.


En Mateo ,17,20 se puede leer:

porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.


Entiendo que el lector puede pensar que nos estamos refiriendo a casos del Evangelio, pero si buscamos en otras fuentes tenemos en el Talmut a un hombre llamado Honi que producía el milagro de la lluvia. Y lo hacía de la siguiente manera (uso copiar / pegar del texto de la Torah)


Honi oró, pero no llovió. Entonces dibujó un círculo y se puso en medio de él, y le dijo a Dios : "Amo del Universo! Tus hijos se volvieron hacia mí, porque yo soy como un miembro de su familia. Juro por tu gran nombre que yo no me muevo de aquí hasta que tengas misericordia de tus hijos!"


Es decir su fe es tan grande que se compromete a no salir del círculo hasta que llega la lluvia. Y finalmente hasta el propio Dios le hace caso.


Repetimos: ¿quiere vivir milagros? Pues tenga FE.


En el “Mensaje de Jesus” que se expone en esta web se dice:


Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en Mí.


Vaya que no dice: “yo hago milagros en función de lo bueno que hayas sido” o “yo hago milagros en función de las veces que has ido a misa” o “en función del dinero que has dado a los pobres”. NO, lo único que vale es esa FE, aquí llamada también confianza.


Pero puede decirse que estas referencias son todas de puntos espirituales cristianos, ¿qué pasa en la vida pura y dura de la materia dejándonos de religiones y creencias?


Vamos a la Grecia del siglo IV a J.C. Alejandro Magno fue un general de Macedonia (Grecia) que conquistó el mundo conocido. Nunca, nunca perdió una guerra. ¿Cuál era su secreto?


Justo en el momento de su concepción, según relatan los historiadores griegos de la época, cayó un rayo cerca del lecho donde estaba con Filipo de Macedonia, padre de Alejandro, con su esposa y madre de Alejandro llamada Olimpia. Como el padre era muy duro en la educación del pequeño Alejandro, la madre le decía continuamente a Alejandro que Filipo le odiaba pues no era hijo suyo sino que él, Alejandro, era hijo de Zeus que le fecundó en aquel rayo, y así no era hijo de un humano.


Alejandro conquistó Egipto y buscó a quien consultar si efectivamente él era hijo de Zeus y los sacerdotes egipcios se lo confirman. Así el éxito de sus conquistas era su absoluta convicción que era hijo de Dios.


En resumen, tras los cuatro ejemplos expuestos:



Repetimos, esta fe no es mental, no es creencia, es una verdad, una certeza absoluta


Pero ¿Eran “buenos” David, el centurión romano, Honi y Alejandro Magno? Sin duda (salvo Honi del que no tengo tanta información) en los conceptos actuales no lo fueron en absoluto, no eran buenos, en muchos puntos fueron crueles pero ……, pero tenían fe.


Ahora bien ¿tenemos nosotros FE?


Pues NO. Cada vez que nos limitamos estamos demostrando que no tenemos fe. Ahorramos para la vejez porque no tenemos fe en que la vida nos ayudará. Tememos a la enfermedad porque nos falta fe. Intentamos conseguir dinero por si “pasa algo” sin darnos cuenta que el dinero está para gastarlo. Hacemos contratos porque no tenemos fe. Incluso hacemos un contrato llamado matrimonio donde fijamos condiciones para eso que llamamos amor. En general no tenemos ni fe en nosotros, ni en nuestra divinidad ni en los demás.


La fe la vemos como un concepto fácil de aceptar, pero no como práctica de vida.


En momentos como el actual que hay la pandemia de corona virus, se presenta esta disyuntiva: “¿tienes fe y confías o crees en la ciencia, en la mascarilla y el hidrogel?


Pero esa confianza en la Divinidad, esa FE en ser hijos de Dios es lo que mueve los milagros


Por eso decimos que la búsqueda ha terminado, porque cuando uno se da cuenta de esto ya no hace falta saber más, ni comportarse así o asa, o ser bueno de acuerdo con convicciones establecidas, o seguir unas pautas o reglas de una creencia o religión, etc, basta tener esa FE (que repetimos mil veces NO es una creencia)


En realidad Lutero vino a querer decir eso cuando dijo una frase que ha sido malinterpretada, y dijo: “Peca fuertemente pero cree más fuertemente” No es eso una exhortación al pecado sino la declaración de la importancia de la FE.


Pero ¿cómo tener fe cuando todo en nuestra vida se desmorona? ¿Cuándo perdemos el trabajo, a nuestros seres queridos, la salud etc? Entiendo que no es lo mismo leer esto cuando la vida más o menos nos funciona que hacerlo cuando todo está en nuestra contra. En el libro “Conversaciones con Dios” que puede descargarlo clicando el enlace, Dios dice al hombre “no me abandones cuando más me necesitas” y es bien cierto. Cuanto más dura sea la situación en que nos hallemos más nos hace falta la fe, no como argumento psicológico, sino para que se arregle la situación o comprendamos cual es su proceso en nuestra vida.


Hay un predicador americano llamado Joel Osteen (hay muchos videos suyos en youtube) que dice: ¿las cosas te van mal? ¡Confía! , Dios sigue en el trono.


Si Dios está conmigo quien contra mi? Dice San Pablo (Romanos 8:31) Pero no tener fe es como tener un móvil y llevarlo siempre desconectado.


¿Quiere saber el indicador de su FE? Pues muy simple, la fe/confianza en la divinidad es inversa al miedo en que vivimos.


¿Teme el coronavirus? ¿Se pone gel para limpiarse cada vez vuelve de la calle? ¿abre las puertas con el codo? ¿se cambia cada tres días de mascarilla? ¿confía en la vacuna? Eso está muy bien, es confiar en la ciencia, pero no es FE.


La vida milagrosa se basa en la FE, no en la ciencia.


Sólo que es más fácil muchas veces creer en la ciencia que en la fe a la que nos referimos


El ejercicio, el trabajo a hacer, es darse cuenta de cuantas veces en nuestra vida actuamos, yo el primero, con falta de fe


Y el termómetro es siempre el mismo: el miedo


Si hay miedo no hay FE y si hay FE no hay miedo. Y esto debemos verlo sin poner excusas racionales. Nuestra felicidad nos va en ello. Y recuerde que la fe mueve montañas, es decir supera toda lógica de la materia.


Pero bueno, hay situaciones a las que temo y el conocimiento que “no debo temer” no es capaz de superarlo. Entonces ¿qué hacer?


En este mundo todo o casi todo es cuestión de práctica y para eliminar nuestro miedo puede ser útil que en toda circunstancia que nos pueda dar miedo pensemos, como si de un mantra se tratase, repetirnos a nosotros mismos “estoy – protegido”, “estoy protegido” , estoy protegido” … Y así por ejemplo mientras vamos caminando podemos al andar usar ese mantra. Cuando pise con la izquierda puede pesar “estoy” y cuando pise con la derecha pensar “protegido”.


Eso es una forma de meditación y hará que se grave en su inconsciente la verdad que usted está protegido.


En resumen si no tienes lo que quieres ¿tienes fe real en que puedes lograrlo?


Llegamos ya al final de la búsqueda porque no hay nada que buscar, basta aceptar lo que ya somos: hijos de Dios y en consecuencia la vida está a nuestro favor, aunque a veces cueste verlo. Pero el final de la búsqueda no es el final del trabajo, el trabajo es, continuamente, desarrollar esa fe.



Que la Fuerza nos de fe y nos acompañe



Juan Pedro



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